El Día de Claudia

José Luis Camargo R. /Enviado Cdmx.- Este sábado 17 de septiembre, a año y medio de que se conozca a los candidatos presidenciales, congresistas morenos marcaron la pauta.

Con la presencia de dos «corcholatas» del indiscutible mandamás de Morena, y la ausencia de otra que anda por Londres, en la Magdalena Mixhuca, se vivió El Día de Claudia.

Si, el Día de Claudia, aquella delgadita lideresa universitaria de pelo corto, broqueles y que sin desaliño, vestía jeans y blusa de manta que obtenía calificaciones excelentes quien con otros brillantes estudiantes, libró una guerra contra Jorge Carpizo McGregor -entonces rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)- y el gobierno neoliberal de Miguel de la Madrid Hurtado, en contra de la reforma que pretendía volver elitista la educación superior.

Guerra que ganó ese grupo, en el cual también destacó Martí Batres, su leal colaborador hoy en el gobierno capitalino.

Este día, ya con cabellera al hombro, fornida, irradiando frescura, simpatía y sencillez, se llevó no la tarde, sino el día completo.

El III Congreso Ordinario de Morena se entregó a quién en su adolescencia no llegó a dormir por primera vez al hogar paterno.

Se quedó en un plantón acompañando a AMLO.

Antes del mediodía, congresistas de los 32 estados gritaban al unísono «¡¡¡Claudia, Claudia, Claudia!!!», enterados que la jefa de Gobierno capitalino ya se encontraba en la sede del encuentro.

Los consejeros tamaulipecos no se anduvieron por las ramas: sacaron cartulinas destapando ésta corcholata.

Cuando ingresó a la carpa los gritos eran «¡¡¡Presidenta, Presidenta, Presidenta!!!».

Ella se dejó querer.

Saludó de mano a cientos de consejeros estatales.

Sonrió en otro tanto de selfies.

Otra corcholata que pudo disputarle aplausos estuvo ausente.

Marcelo «El Carnal» Ebrard cumple con su tarea y representa al presidente en los funerales de la Reina Isabel II.

Cuando el maestro de ceremonias presenta al presídium, nuevamente Claudia arranca porras y aplausos.

Muchos, muchos más que los brindados a otra «corcholata» presente: el tabasqueño Adán Augusto Hernández.

Más que los otorgados a Layda Sansóres, a López Gatell, a «El Fisgón», entre otros; en contraste con el sepulcral silencio a la representante del PVEM o al abucheo al zacatecano David Monreal.

Claudia Sheinbaum se dejó querer.

Se supo apapachada por los miles de asistentes al evento.

Fue arropada por eficientes colaboradores como Rosa Icela, también aplaudida.

Por ahí andaban sus malquerientes, el matrimonio René Bejarano-Dolores Padierna, quienes fueron saludados más de manera inevitable que por gusto.

Eso no importó a morenos de cepa o a neomorenos que aún traslucen otros colores.

Ante la ausencia de la «corcholata» que en el pasado reciente se hizo a un lado para que AMLO consolidara el proyecto de la 4T, Claudia salió en hombros, mientras Adán Augusto cortó apéndices.

Fue, sin duda alguna, El Día de Claudia.

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