Gobierno impávido ante vandalismo; el cielo hizo su tarea

Lo que el saliente gobierno de Francisco Domínguez fue incapaz de hacer, garantizar la seguridad y prevenir el vandalismo, lo hizo el cielo.

Fue la lluvia.

Fue el cielo.

Solo así se dispersaron a las casi 400 personas que con total impunidad vandalizaron calles del Centro Histórico.

Ejerciendo su derecho a la libre manifestación, violentaron de manera impune a católicos, algunos menores de edad, que rezaban el Santo Rosario fuera de la iglesia de San Francisco, al rociarlos con pintura en aerosol.

Agredieron también a reporteros que cubrían el evento, antes de pintarrajear la secretaria de Gobierno y Casa de la Corregidora y lanzar bombas molotov a ventanas y puertas.

Los manifestantes, en su mayoría mujeres, intentaron incendiar la puerta de la sede del gobierno, pero les falló el tino.

Fue entonces cuando llegó para los creyentes el auxilio divino y se dispersaron por la lluvia.

Como en el agonizante sexenio, hubo un notable vacio de poder en materia de seguridad, pues tan solo un puñado de mujeres policías vestidas de civil presenciaron los hechos, con la orden superior de no intervenir.

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