Hay Pejemanía p’a rato… ratotote

Para Teresita,  para Doña Rocío

La bola, la militancia pues, fue convocada para has 16 horas de este jueves 24 de octubre en el Salón Villagrand, propiedad del personaje que hizo de la vida de El Chavo del Ocho un tormento.

Minutos antes de las 14 horas arribó el primero de los 14 autobuses que la dirección estatal de Morena contrató para movilizar militantes y simpatizantes.

A esa hora, ya un centenar de organizadores y arribistas que se presumieron materia gris de legisladores federales, ahí estaban.

Estos últimos – chapulines perredistas, panistas, charolazo de por medio, accedieron al salón- pavoneándose dentro, hasta que fueron invitados a salir, a hacer fila y registrarse como lo que son: simples mortales.

Antes de las 16 horas el salón estaba a tres cuartos de su capacidad.

En él había dispuestas mil 200 sillas, más las del presidium, aproximadamente medio centenar, y un corral para medios informativos, donde estaríamos hacinados 40 periodistas, revueltos con feisbuqueros y chantaperiodistas envueltos en mediocre esfera.

A pocos kilómetros, casi en secreto, las dirigencias nacional y estatal estaban reunidas en Ejército Republicano.

Pronto hubo que desplegar 300 sillas más dentro del salón. 

Afuera, cientos de ciudadanos de a pie,  inquietos esperaban ingresar.

Pasaban de diez en diez.

Aún más pronto, minutos antes del arribo de los notables, se cerraron las rejas de acceso al estacionamiento del salón. 

Atrapado, paradójicamente en la calle, sin poder acceder en su camioneta inmaculada de color blanco,  Chema Tapia instruía a prepotente ujier a que le abrieran paso.

Este, gritaba dentro del estacionamiento: ¡es Chema, abran la reja para que pase!

Reporteros, de esos que sí fueron a la escuela, también estaban fuera.

Se abrieron las rejas y la multitud, en su ansia por entrar al salón rompió una puerta de cristal.

Finalmente ingresó.

Luisa María, Carolina, Andy, Rufina, Rosalba, Luis Humberto, El Güero, y otros iluminados entraron sin cruzar el atiborrado salón. 

En el que el gran ausente se llevó las palmas.

Cuando Rufina le pidió a Andy le llevara un saludo a quien disfruta un merecido descanso, las almas morenistas se extasiaron, con gritos y porras al expresidente. 

Ahí quedó de manifiesto que la Pejemanía no es moda.

Es convicción. 

Profunda convicción. 

Las balandronadas de mediocres detractores del hombre fuerte de AMLO y Claudia quedaron en algo menos que bufonadas.

A Juan, Juanito Velázquez, y a sus titiriteros amancebados con el panismo, les temblaron las corvas.

Afuera, decenas de opositores del Poder Judicial de la Federación, se desgañitaban ante la realidad que quienes representan la mayoría,  han aprobado.

En tanto, dentro del salón, los discursos seguían lo programado.

Luisa Maria encendió al morenismo cuando expresó que la tarea es afiliar y credencializar a 10 millones de mexicanos; cuando dijo que los representantes populares deben dejar de lado los lujos, privilegios, prepotencia.

Deben ser pueblo, pues.

Tarde redonda para la 4T.

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