Me fusilo el título de la pieza teatral escrita por Hugo Argüelles en la segunda mitad del siglo pasado, para tratar de entender el presente y el inminente futuro en nuestro país.
El hoy patriarca de una rama de la familia revolucionaria que tuvo en sus manos el destino de millones de mexicanos -y muchos más miles de millones de pesos- que desde siempre fue desdeñado por su desacuerdo con los excesos, se hizo de la autoridad moral, y política, en esa familia, que al incrementar su fortuna política y material, se volvió disfuncional.
Este hombre, sin preparación intelectual, pero siempre sensible a los calzonudos, advirtió que estos estaban cansados de su marginación.
Se le vio como el chiquillo desadaptado de esa gran familia revolucionaria.
Abrevó de brillantes pensadores nacidos, al igual que él, en tierras donde la naturaleza es pródiga.
Sin necesidad económica abanderó causas descamisados.
Se convirtió en la oveja negra de esa gran familia que monopolizó los colores de nuestra bandera.
Terco, obcecado como es, pero más perverso que toda la clase política junta, este hombre alcanzó su meta.
Sin cambiar su discurso, si entendiendo que a veces hay que hacer tregua con el mismísimo demonio, ocupó la cabecera de la mesa de quien manda.
Hoy, está casi a punto de yacer en histórica cama.
Ya, en la vieja casona que eligió para vivir como sus ancestros históricos, merodean los buitres que esperanzados en ser agraciados por quien parece tener más vidas que un gato, viven con el Jesús en la boca, para que el carnal, el hermano, el hijo pródigo, o mejor aún, la hija única y consentida de verdad, herede en vida el patrimonio forjado en décadas.
El patriarca acusa los achaques propios de la edad, pero mantiene la lucidez, energía, y mejor aún, la malicia, y perversidad política, para en pleno uso de sus facultades mentales designar heredero.
La tradición, los usos y costumbres, dicen que se hereda a los hijos, no a los hermanos.
¿Será?
Esto preocupa a quienes desde antes de las exequias políticas de quien tiene las llaves del poder, ambicionan una candidatura, desde subdelegado de San Andrés de la Chingada, hasta a una gubernatura.
Esto hace merodear a rapiñeras aves de presa, y que los cuervos ya se vistan de luto.