La corrupción es uno de los mayores estigmas de nuestra sociedad, es una caja donde cabe el abuso de autoridad de funcionarios públicos, empresarios y ciudadanos, heredada del aparato político autoritario que implantó un sistema de botín como su propósito en la obtención de poder.
El gobierno federal retomó la denuncia social de terminar con el cáncer de la corrupción y separar el interés económico del poder político. Estamos experimentando una forma diferente de gobernar, la Unidad de Inteligencia Financiera descompone las redes de corrupción y crimen organizado que se tejieron durante décadas.
Sin embargo, en Querétaro la situación es muy diferente, los monolitos familiares, instituciones encargadas de garantizar el futuro económico de una familia, se encuentran más presentes que nunca. En su terquedad por satisfacer el capricho de su sobrina de ser diputada, el senador Mauricio Kuri ignoró los perfiles más preparados para legislar.
Esta semana la Revista Proceso exhibió el sucumbe de nuestra entidad al interés de unos pocos, los cuates políticos de Luis Alfonso García Alcocer le multiplicaron el valor de su propiedad 30 veces al aprobar el cambio de uso de suelo. Reflejo fiel de la autodenominada oposición, quienes se preocupan por su interés personal en detrimento del bienestar colectivo y moldear las instituciones para sus cuates, ignorando las capacidades y necesidades de nuestra sociedad.
Las juventudes tenemos un reto por delante, cambiar nuestra condición política construida a base de criterios afectivos, demostrar que podemos ser pensadores claros, profundos, valientes e inteligentes. Tenemos los requisitos para que este movimiento responda a las necesidades de nuestro tiempo, terminar con las prácticas de los partidos del siglo pasado que no necesitamos.