Eran tiempos del gobierno de Francisco Garrido Patrón, tiempos en que el PAN arrasó en las elecciones del 2006. Paco, como eslogan de su gobierno gustaba que lo refiríeran, era todopoderoso.
Sin embargo, realmente la gran operadora política y la apreciada por la militancia panista, era -y lo sigue siendo-, su esposa Marcela: Marcela Torres de Garrido, como el gobierno la promocionaba.
Se rumoraba fuertemente problemas entre ellos; que se habían distanciado como pareja.
Pero en público, seguían siendo ejemplo de unidad familiar.
Y en los medios de comunicación, destacaban que era esposa de Paco Garrido. Siempre «de Garrido».
Llegó el Cuarto Informe de Gobierno.
Como hoy, el control político y mediático estaba en Casa de la Corregidora.
Se realizó el protocolo de un informe que era mero trámite, un acto de la alta burocracia.
Paco Garrido presumió cuentas alegres y grandes logros para Querétaro o sea, lo de siempre.
La nota del chisme político fue una mención que en estos tiempos, tal vez se hubiera catalogado como violencia política por razón de género.
«Agradezco a Marcela Torres Peimbert su labor frente al DIF».
En una frase, pasó de ser «de Garrido», a su segundo apellido: «Peimbert».
Los asistentes quedaron mudos. Algunos despistados aplaudieron la mención, sin darse cuenta de la rudeza innecesaria.
Públicamente, divorció a la madre de sus hijos de sus actividades públicas.
Varios panistas, principalmente muy cercanos a la titular del DIF, lo tomaron como una afrenta imperdonable.
Pero nadie cuestionó la afrenta a la mujer de hondas raices azules.
Todos callaron.
Mientras los medios festinaban los logros del gobernador Garrido Patrón, en los corredores políticos el tema era la humillación pública que sufrió Marcela Torres.
El gobernador hizo público un asunto de pareja.
Cientos de especulaciones se hicieron en torno a la situación entre ambos.
Nadie alzó la voz para mostrar su disgusto ante la grosería que una mujer sufrió en público.
En lo privado, si mostraban su encabronamiento.
Un panista, referente entre los blanquiazules, fue lapidario en su sentencia: «Esto no se la van a perdonar a Paco».
Por supuesto, los medios de comunicación comenzaron a referirse a ella como Marcela Torres, a secas.
Comenzaron a vivir vidas separadas, solo coincidiendo en actos oficiales, simulando que no pasaba nada.
En las elecciones del 2009, se dice que esa mención pública, costó que muchas mujeres panistas no votaran por el delfín de Pacho Garrido, Manuel González Valle, a la gubernatura.
Hoy, Paco Garrido está dedicado a sus negocios y Marcela Torres a la cosa pública, siendo representante popular.